|
A MI HIJITO.......DE VEINTIUN AÑOS.
Leyendo un artículo sobre los hijos, por Internet, se me ocurrieron algunas reflexiones que necesito comentar (te).
Hay un tiempo en que los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos. Tal vez porque ellos crecen independientemente de nosotros, como árboles silbadores que cantan con el viento, o pajaritos acróbatas e imprudentes.
Crecen sin pedir permiso a nadie, con displicencia y arrogancia inocente y cándida.
Pero para nosotros no lo hacen todos los días; crecen de repente, como en un acto mágico que nos sorprende. Crecen de la noche a la mañana, simplemente porque no queremos darnos cuenta.
Un día se nos sientan cerca y con increíble naturalidad, nos dicen cualquier cosa que nos indica que esa criatura, hasta ayer en pañales y con pasitos temblorosos e inseguros, creció. Algo así decía el artículo que tanto me impresionó.
¿ Cuándo creció que no lo percibí ?. ¿ Dónde quedaron las fiestitas infantiles, los juegos en la arena, los cumpleaños con payasos, magos y tortas coloridas ?
Creció por obediencia orgánica, mientras nosotros, enfrascados en la lucha cotidiana, no teníamos tiempo de observarlo (te). Como en un ritual de desobediencia rebelde, igual que nosotros, en otro tiempo.
Y allí están, en las esquinas, entre hamburguesas y gaseosas con los atuendos de su generación y las mochilas a la espalda. O en las entradas de las facultades, con su típica postura de “hombre maduro e intelectual”, esperando que lo pasemos a buscar porque llueve o hace mucho frío. Sin que nos den un beso, salvo pasada cierta distancia de sus nuevas relaciones, porque él ya no es un niño....
Y aquí estamos nosotros. Con el pelo nevado, y una sonrisa entre embelesada, nostalgiosa y tristona. Mirándote y mimándote con admiración y amor infinitos.
¡Qué será de ti, hijo mío!...., con tantas malas noticias y tantos traidores cargándose al mundo que tendría que ser de ustedes, los jóvenes. Muchos papás intentamos modificar esta situación y hacerles entrega a ustedes de un mundo mejor. Nos fue mal, o tal vez, no supimos hacer las cosas bien...no lo se. Pero es lo único que podemos exhibir y hasta un día te sentirás orgulloso de nosotros.
¡Qué será de ti, hijo mío!.....con tanto dictador y asesino a quienes no le importan tus sueños y tu sonrisa cándida y encendida.
¡Qué será de ti, hijo mío!.... ¡qué será de ti!.....
Solo de algo estoy seguro: que serás una buena persona.
Porque por encima de todos los errores cometidos por papá y mamá, bebiste de nuestro ejemplo, que hoy en nuestra tercera etapa del destino infinito, se puede valorar aunque sea por lo que aun hoy estamos pagando: ser fieles a la causa universal y popular. Hacernos cargo del suplicio de los justos.
Jamás nos quedamos con el esfuerzo de nadie. Jamás le robamos a nadie. Jamás pisoteamos los derechos de nadie.
Hoy, entre algunos achaques, y pastillitas para la presión, seguimos levantándonos algunas noches para observarte dormir y taparte aunque no haga frío.
Tú, mientras tanto, comienzas a volar solito. A pasarte algún fin de semana con tus amigos o algún amor furtivo. A disfrutar de la aventura de vivir, esta “chispa entre dos nadas” como calificara a la vida Jean Paul Sartre, en “L’être et le néant”.
Nosotros mientras tanto, te miramos desde lejos, en silencio, esperando que elijas bien el camino. O que simplemente tengas buena suerte.
Has crecido, ya eres un hombre..... aunque nosotros te sigamos mimando como cuando eras un bebé.
Recuerda siempre al poeta: “el rigor del invierno justifica, el ansia de gozar la primavera”......despliégate y vívela.
Te amamos hijito del alma...... Y siempre, siempre estaremos contigo, aun cuando ya no estemos. Cuando nos haya ganado el silencio.
Papá.
|